
La
memoria en el espejo
Entrevista a Fito Paez y Cecilia Roth
Publicada en Revista Arcana - Mayo 2002
El recuerdo no venía al caso, pero mientras esperaba a Fito Páez y Cecilia Roth en un salón del hotel Four Seasons de la ciudad de México, me sentía como el personaje de Hugh Grant, en la película Notting Hill que, entre desconcertado y desconocido, haciéndose pasar por uno de ellos, ve al mundo de la prensa de espectáculos en su apogeo. Claro que uno no es Hugh Grant y tampoco (desgraciadamente) está esperando para una falsa entrevista que se convierte en cita amorosa con Julia Roberts, ni representa, como en esa comedia, a la revista Caballos y Jinetes sino a Arcana, una publicación que, para quienes manejan espectáculos, es tan poco conocida como Science o New Left Review.
Pasan una, dos, tres entrevistas para televisión, de diez minutos cada una, mucho entusiasmo, muchas cámaras y luces, poca información, y la tarea, la difícil tarea de explicar que no quiero una entrevista en particular sobre la película o sobre las peripecias de esa pareja que forman el gran músico y director debutante en cine que es Fito Páez y esa maravillosa actriz que es Cecilia Roth, sino que quiero hablar con ellos de la película Vidas privadas, pero sobre todo de la vida política y cultural de Argentina y España, donde Cecilia ha vivido los últimos 25 años, después de que su familia salió exiliada de Argentina.
Con todo, todo uno debe haber sido muy creíble porque antes de empezar la entrevista la representante de prensa de Cecilia me llevó a un rincón del salón y me pidió que por favor, llevan ya varias entrevistas, no le preguntes a Cecilia qué se siente filmar con Fito porque ya está harta de que le hagan la misma pregunta en todas las entrevistas. Prometí no hacerlo, pero el desconcierto fue mayor cuando la representante de prensa me preguntó si me dedicaba a espectáculos o cultura y le tuve que contestar que mi especialidad periodística era el análisis político y los temas de seguridad.
Evidentemente no nos interesaba saber qué se sentía filmar con Fito. Cecilia Roth y Fito Páez son, de alguna forma, dos de los artistas más interesantes y exitosos en estos momentos de Argentina y de Hispanoamérica. Son también personajes progresistas, liberales, diferentes que por supuesto están dentro del negocio del espectáculo pero que han llegado a él por la vía de la cultura, el esfuerzo intelectual y la experimentación. Fito Páez es el desparpajo, la hiperactividad, el protagonismo, la lluvia de ideas, con un intachable profesionalismo, el único músico en Argentina que podría disputar su lugar a un ya mítico Charly García. Cecilia Roth es la inteligencia, la profundidad y, también, una belleza extraña, alejada de los estereotipos, que deviene, siendo una mujer muy atractiva, más de su personalidad que de su look o su glamour almodovariano.
Estaban en México presentando Vidas privadas, la primera película que dirigió Páez y en la cual el protagónico femenino es de Cecilia (el principal papel masculino es del mexicano Gael García), una película que no resulta en absoluto indulgente: que habla de política, de desaparecidos, de exilios, de niños robados y madres asesinadas, y que no termina siendo políticamente correcta porque entremezcla con todo ello los diferentes caminos de la sexualidad, de la búsqueda, del desamparo. Y estaban en México cuando Argentina parecía volver a repetir esa historia de tragedia, de crisis, de violencia que parece un guión prefabricado para aplicar en algún momento en toda la región, pero también como dice Páez, cuando se repite la historia de un país que parece ser el victimario que provoca su propia tragedia. A continuación la plática que mantuvimos con ellos.
Vidas privadas trata sobre el regreso de un exilio, de una mujer que vuelve de su país luego de veinte años de destierro. Durante la dictadura militar en Argentina, durante esos veinte años tú, Fito, estuviste viviendo en Argentina; tú, Cecilia, fuiste exiliada a España con tu familia, ¿cómo se entrecruzan esos dos procesos, esas dos experiencias en la vida y en la película?
Fito: Bueno, es complejo porque teníamos diferentes edades, otras experiencias. Los dos pasamos esa época de manera diferente, en ámbitos distintos. Yo tenía 13 años cuando se dio el golpe el 24 de marzo del 76. Vivía en la ciudad de Rosario, recuerdo que en la escuela yo apenas comenzaba la secundaria en aquella época, no había actividades políticas importantes porque mi escuela era muy facha, muy de derecha, pero sí había mucha actividad a una cuadra, en la Escuela Superior de Comercio, donde sí había centros de estudiantes ligados a la juventud peronista, a la UES, aunque no formaban parte de los grupos de extrema izquierda como Montoneros o el PRT.
Cecilia: Pero si tenían una relación.
Fito:... Estoy hablando de Rosario. De todas maneras, la realidad que se vivía a una cuadra de distancia dentro de una escuela era muy diferente. Yo conocí y me fui enterando de lo que estaba sucediendo más adelante por medio de amigos o amigas que había estado detenidos, o que tenían un familiar desaparecido o por algunas charlas tibias que se comenzaban a gestar. Por otra parte, a los quince o dieciséis años yo empecé a salir de mi casa; salía de noche; caí detenido una infinidad de veces por razzias policiales, pero la charla que yo tenía en mi casa era un poco la de la clase media argentina: por algo será que está pasando eso, la culpa es de los que causan desórdenes, etc. Yo vengo de una familia muy conservadora. La idea es que los militares venían a poner un poco de orden, porque había una revuelta muy extraña y estaban pasando cosas raras. Claro, después cuando sales un poco al mundo empiezas a ver que las cosas no son tan así. Y viene lo que te decía, comienzan a aparecer amigos, relaciones atrás de la música, algún pariente de un músico, de alguna colega, y después tomo contacto con personas que había estado más involucradas en Montoneros, específicamente en la guerrilla.
Y después se empieza a charlar más. En Rosario formé parte en 1980 de un grupo de músicos atrevidos. Fuimos los primeros que salimos a concierto cuando estaba prohibido, desafiamos, y entonces se comentaba que íbamos a dar un concierto y por supuesto iba todo el mundo... bueno, todo el mundo eran 200 o 300 personas, que de alguna manera eran todo el mundo en Rosario, los que salían a conectar y a charlar sobre lo que ocurría con la excusa de un concierto. Poco a poco vas saliendo al mundo y te vas enterando un poco de la otra parte, de la otra mirada.
Cecilia: Creo que los dos somos una generación víctima de aquella terrible situación. Fito era hijo de clase media conservadora, yo de la clase media progresista
¿Qué más te queda de esa época?
Fito: Lo que recuerdo también es la violencia real, una balacera de ocho horas una mañana, hasta las cuatro de la tarde, hasta que sacaron a cuatro muchachos muertos de un piso ocho, la recuerdo como una guerra. Esa sensación de terror, de angustia, de muerte de lectura en los diarios de los muertos, todos los días, de un lado y del otro: mataron a cinco guerrilleros, asesinaron a al teniente coronel Sánchez a tres cuadras de donde yo vivía. Tengo esos recuerdos, pero la conciencia real sobre lo que pasaba la tomé mucho más adelante, más como adolescente y como adulto. Obviamente, cuando sucede el juicio a las Juntas Militares ahí se abre el juego y se empiezan a revelar las verdades, que están plasmadas en el libro Nunca más, con testimonios de las víctimas que son demoledores. Es un libro que la verdad no se lo aconsejo a nadie, porque es terrible, pero, bueno ese fue mi camino.
Cecilia, tu lo viste de una forma completamente diferente, en la España del destape, pero también en el exilio.
Cecilia: Pero comenzó igual, en Argentina, durante el golpe.
¿Qué edad tenías cuando el golpe?
Cecilia: Tenía 17 años, iba a terminar el quinto año del secundario, y yo sí estaba en contacto con la agrupaciones de estudiantes, de militancia y apoyo a la izquierda peronista, a Montoneros, al ERP.
Fito: Pero, explícale cómo llegaste a España.
Cecilia: Déjame explicarlo a mí.
Fito: Para mostrar la épica de la época.
Cecilia: Eso es lo que iba a contar. La épica de la época era ésa. Recuerdo lo que nos pasaba a nosotros en un colegio de chicas de 17 años, pensando en la utopía, en la posibilidad de un cambio, en la posibilidad de la revolución, en esos cielos utópicos que luego el tiempo hizo trizas. Mientras Fito estaba en Rosario, yo estaba en Buenos Aires, mi padre pertenecía a un periódico llamado La Opinión, un periódico muy perseguido, donde casi todos, la mayoría de sus periodistas y sus trabajadores fueron perseguidos, desaparecidos.
Incluso, comenzando por su director, Jacobo Timmerman.
Cecilia: Timmerman estuvo secuestrado mucho tiempo, le quitaron el diario. En ese periódico se dio un nivel de militancia y compromiso muy importante. Mi padre era el subdirector del periódico y decidió entonces que nos fuéramos, que la familia se fuera. En el 76 entonces fuimos a Madrid, supuestamente por un año y ahí nos quedamos.
¿Cómo viviste ese periodo en Madrid?
Cecilia: Lo que pasa es que yo llego a Madrid a la primavera española, acababa de morir Franco; estoy muy agradecida de haber llegado justo a tiempo. Presencié un momento de primavera, cuando aparecían nuevas formas de contar la historia, desde el cine, desde la música, en todos los niveles y ahí me metí. Entonces, quizás, fue para mi mucho más fácil que para Fito... o no, no sé si más fácil, qué se yo, la vida de cada uno es la de cada uno, y cada uno hace lo que puede en su lugar, pero a mi el hecho de haber viajado a Madrid en un momento muy terrible en Argentina y muy favorecedor en España fue muy grato. Yo hice una especia de corte muy raro. Yo dice: acá se acabó, ya no soy más argentina, me equizofrenicé y empecé hablar como española. Después me costó años de análisis recordar y regresar a la Argentina. Pero bueno, creo que los dos somos de una generación víctima de aquella terrible situación, cada uno con una historia muy diferente: Fito era hijo de la clase media conservadora, yo de la clase media progresista, y cada uno tomó un camino diferente, que al final nos encontró juntos haciendo Vidas privadas.
Vidas privadas ocurre veinte años después de esas experiencias tan terribles, refleja cómo se regresa de un exilio de esa características, pero paradójicamente se da en un país que está, una vez más, en otra crisis terrible, catastrófica.
Fito: Creo que Argentina en ese aspecto ha sido victimaria de su propia tragedia, que ella misma ha armado los mecanismos de la tragedia, ha construido una historia de insatisfacciones, de muchas muertes, de dolor, de conflictos y donde te diría que salvo por una excepción, delicadísima también, la excepción del peronismo, no ha habido un solo gobierno que haya construido a favor de todos. Siempre se ha manejado a la Argentina en estratos no ha tenido siquiera la posibilidad de sentarse a cantar el himno juntos.
Cecilia: No han tenido ni la delicadeza de pensar en los otros.
Fito: Eso es algo que nunca hubo, un proyecto colectivo de verdad. Por las tensiones terribles, cuando uno piensa en la vejación del cadáver de Eva, eso es impensable.
Pero, hablamos del robo de cadáveres como secuestros políticos
Fito: Es tan siniestro el significado porque era Eva Perón, era una mujer muy significativa para mucha gente, muy importante . Es terrible pero al final lo que me lleva a hacer Vidas privadas son motivos personales muy escondidos, que ni yo mismo debo conocer, y también el hecho de vivir en un país, de darme cuenta como adulto de que vivo en un país que genera estas cosas y no tolerarlo, de querer contarlo y decírselo a todo el mundo.
En la película trabajan personas que, además de Cecilia, sufrieron la persecución o el exilio en aquel momento, como Héctor Alterio y Chunchuna Villafañe.
Fito: También Lito Cruz. Pero por otra parte es interesante también que Alterio y Chunchuna haya estado en La historia oficial (que ganó el Óscar en los años ochenta); es una manera de homenajear esa película que fue tan emblemática en esos años, pero no sé, yo no sé si lo tomo como una obligación moral o política. Siento, que por supuesto, que la película es política y debo decir que su hitoria fue la que más me interesó contar en los útlimos años.
Cecilia, tú vienes de hacer cine en otra cultura, diferente. Me imagino que hacer cine en la España posfranquista, hacer cine con Amodóvar debe ser en términos de producción, recursos, dinero, muy diferente a hacerlo cuando no tienes presupuesto, no tienes apoyo, ¿cuáles son las diferencias entre uno y otro mundo?
Cecilia: Es cierto lo que dices, pero de todas maneras creo que hay como una ráiz común y un objetivo común que es contarse a sí mismos.
¿Hablas de contar las historias?
Cecilia: No, de contarse a sí mismos. Fito se cuenta a sí mismo en Vidas privadas, Almodóvar se cuenta a sí mismo en Todo sobre mi madre. No sé si será tan importante el presupuesto, más allá de la posibilidad de apoyarse en algo externo. Quizás por eso se parecen en algún sentido, y quizás eso es lo que hace que una película y otra, siendo tan diferentes y contando momentos históricos y personales tan distintos, sin embargo, se parezcan.
Fito:
Bueno... también, de otra manera, el primer cine de Pedro fue hecho
con dos pesos.
Cecilia: Y, de alguna manera su cine sigue resultando el mismo de aquella
época, más allá de los apoyos que pueda tener y del éxito
internacional, de todo eso que es a final de cuentas, externo a la esencia
del cine que hacen.
Ante la situación que ahora vive Argentina ¿todavía se puede hacer cine, hay espacios para la vida cultural?, se habla de los bancos cerrados, de la crisis, del dólar a cuatro pesos, pero también de un festival internacional de cine, de concierto, ¿cómo compaginar esa aparente esquizofrenia de una vida cultural muy intensa con una crisis económica brutal?
Fito: Ese es el disparate, en el sentido de que en el momento más grave de los últimos veinte años aparecen artistas en el cine como Lucrecia Martel, Adrián Caetano o Luis Ortega, con una calidad con una precisión, con un manejo del lenguaje, una emoción que es impresionante, cómo se lo montan y cómo lo hacen, no me preguntes cómo, porque no sé, pero se lo montan y ese es el misterio.
Cecilia: Creo que hay una pulsión vital muy fuerte.
Fito: Ocurre lo mismo en el teatro, en la música.
Cecilia: Y en la literatura.
Fito: En la música no sé si en la misma medida de otros años u otras épocas, pero siguen apareciendo compositores, poetas, actores, directores y eso está en permanente movimiento, sobre todo en Buenos Aires; pero bueno, que eso no tenga un público es materia de otro tema.
Cecilia, en ese sentido, ¿cuáles son las diferencias de esa vida cultural con la de España?
Cecilia: Es complicado hablar de esto. Creo que el bienestar crea problemas (ríe). Quiero decir...
¿Qué se tiene material para crear menos?
Cecilia: Quiero decir... el bienestar te da ganas de ver televisión tirado en la cama de tu casa. Es complejo porque lo que estoy diciendo es jodido, no sé cómo sostenerlo y a la vez me parece tremendo porque uno está buscando el bienestar para todos, pero el bienestar no parece un terreno fértil para la creación artística.
Pero se arriesga menos, quizás ese es el punto: se arriesga menos en una situación de bienestar.
Cecilia: La verdad es que no sé cuál es el mecanismo.
Fito: Yo no conozco tan bien España, pero te podría decir que me aburro un poco más en España, eso sí te lo podría afirmar.
¿Tú también te aburres más en España?
Cecilia: No, porque tengo muchos amigos muy queridos, porque me gusta España y porque creo que es un sitio donde realmente pasan cosas, aunque menos que en otras épocas, eso también hay que decirlo. Aznar hizo unas razzias también bastante fuertes.
Fito: No se puede generalizar. España es un lugar de artistas maravillosos: Barceló es español, Almódovar es español , Trueba es español, Fernán Gómez es español, Serrat es español, claro, son idiosincrasias diferentes, hay dos mil años de historia más, hay muchas tensiones históricas, muchos puentes sensibles, amistosos, y de relación real entre España y Argentina. Pero si me preguntas, yo me siento más vivo en Argentina o en Latinoamérica, siento que estoy en el centro de una olla que está a punto de explotar y eso, por masoquista que suene, me estimula muchísimo.
¿Se puede entender Vidad Privadas en un país que no ha vivido las experciencias de Argentina pero tampoco del franquismo, como España?
Fito: Pero acá tuvieron al PRI
Pero, no fue igual al franquismo, o la dictadura argentina, fue una historia diferente.
Fito: las tres son tres historias diferentes.
Sí, pero ¿se puede entender la historia de Vidas privadas, de una mujer exiliada, que regresa, que estuvo desaparecida, de un campo de concentración, de sus pulsiones sexuales, en una sociedad como la mexicana?
Cecilia: La película habla sobre todo de la condición humana más que de una situación política específica. La condición humana se desarrolla y se manifiesta en cualquier cultura diferente, y se entiende; eso querido Jorge, aquí y en China, es el arte.